2005 - Encuentro en CABO PEÑAS - ASTURIAS

Como siempre sucede en semejantes eventos, todo comenzó semanas antes de que empezara el encuentro en sí mismo. Una lluvia de llamadas amenazaba con dejarme sin batería en el momento más inesperado, que suele coincidir con el más inoportuno. De repente, todos habían oído que algo se preparaba en Asturias y aunque no sabían muy bien de qué se trataba en concreto, tenían claro que no querían perdérselo.

Llegó marzo, y con él las prisas por confirmar plaza, hacer los pagos y enterarse de la mejor ruta para llegar a Oviedo sin tener que aguantar los atascos de Semana Santa, porque señores, los españoles somos tan devotos, que hasta en las carreteras hacemos la procesión.

El día previo al comienzo llegó mi ayudante, Marián de Madrid, ahora Comandante Todopoderosa de ésta nuestra nave como coordinadora nacional de jóvenes. Era miércoles, pero yo llevaba una semana atacada de los nervios para no olvidarme de comprar todas las cosas, y para tenerlo todo a punto para la llegada, por tierra, mar y aire (bueno, ninguno llegó en barco, pero suena tan bien…) de los participantes. Todo estaba listo, las sorpresas preparadas y las cosas a punto para los chicos/as de ACCU que venían a tierras astures.

Por fin llegó el gran día: jueves. La primera en aterrizar en estas tierras fue Edurne, que voló hasta Avilés procedente de Barcelona. Le siguieron los chicarrones de Zaragoza, César y David (un nuevo fichaje de los maños) que junto con Marián, Manolo (¿alguien pensaba de veras que Manolo no iba a ir a las primeras jornadas que se hacían en su tierra? ¡Sin duda eso sería de locos! Jejeje) y yo nos fuimos a comer un buen menú al estilo asturiano, comida con fundamento, como diría Arguiñano.

Se nos unió de seguido Antonio de Vigo, feliz ante la idea de reencontrarse con viejos amigos que hacía tiempo que no veía. Y ya con la panza bien llena, nos dispusimos a esperar a los demás compañeros que llegaban en innumerables coches procedentes de los más diversos rincones de España, desde el sur (los malagueños, "la quilla" gaditana, el almeriense, albaceteños), de levante (mis queridos murcianicos), de la zona centro (ese pedazo de grupo de Madrid, Ávila, Zamora y Valladolid), y como no, los de la zona norte (los guipuzcoanos con mi "radio patio" al frente y esos dos leoneses que estaban casi como en casa).

La avanzadilla, el Vicepresidente de ACCU Asturias, Hugo y yo, nos fuimos a las casas en el Cabo Peñas a ultimar preparativos mientras los visitantes degustaban la rica sidra y hacían acopio de "chucherías" para el largo fin de semana que nos esperaba.

El recibimiento en la llamada Casa Principal (la gran casa de piedra), fue al más puro estilo crohniano. Cada coordinador de jóvenes, como representante de sus compañeros, debía de recoger un rollo de papel higiénico y prometer cuidarlo como si fuera su propia vida, porque dense cuenta… ¿qué sería de todos nosotros sin ese estimado y suave amigo, el papel higiénico?

Esa noche, cuando los asistentes estuvieron instalados, se realizó una espicha que no es otra cosa que una típica comida asturiana entre amigos a base de bollos preñaos (bollos de pan rellenos de chorizo y tocino), empanada casera, tortilla de patata, chorizos a la sidra, jamón, queso, lomo..., del que se va picando mientras se degusta la sidra, escanciada por el insuperable Manolo y por Rubén, un leones que tiene sangre asturiana por las venas, porque sino no se explica tanto arte para "estrellar" la sidra en el vaso. Por si todo esto no hubiera sido bastante, también tuvimos postre, los famosos Carajitos del Profesor, unas pastas elaboradas a base de avellana, huevo, miel y azúcar, y también casadiellas (creo recordar que alguien me dijo que si eran la versión asturiana del famoso "rollito de primavera", jajaja. Eso era sin duda porque no sabían que era un postre). Y para rematar la noche y dar por empezada oficialmente el Encuentro, se brindó con un chupito de licor casero de manzana asturiana.

Llegados a este punto, creo que debería darle las gracias a otro miembro de la Junta Directiva que muy amablemente se ofreció a hacernos parte de la cena de ese día y algún que otro manjar que comimos en los siguientes (¡qué buena estaba la crema de queso cabrales!) Me parece que hablo en nombre de todos los asistentes al hacerle llegar unas sinceras felicitaciones por el arte que tiene en la cocina. ¡GRACIAS MAMÁ!

Como era de esperar, las horas a las que la gente se fue retirando a sus respectivas casas fueron de lo más variopintas, y hubo algunos que incluso llegaron a ver el nuevo amanecer.

El viernes fue un día tranquilo. El tiempo no quiso acompañarnos mucho y, tras soplar un viento racheado, orbayó con gracia algunas horas de la tarde. Pero bueno, eso no nos desanimó. Los más osados pasearon por la costa hasta llegar a la punta del Cabo Peñas y disfrutar del paisaje tan extraordinario que ofrece dicha zona. Otros aprovecharon las horas mañaneras para charlar con los amigos que hacía tiempo que no veía y para hacer nuevas amistades. Algunos, nos dedicamos a la cocina para alimentar a la gran masa hambrienta.

Por la tarde se hizo una rueda de presentación, en la que cada participante comentaba quién era, a qué se dedicaba y cómo había entrado a formar parte de la familia de las EII (Enfermedad Inflamatoria Intestinal). Resultó una experiencia muy interesante ya que todos compartimos nuestros conocimientos, aportamos nuestra experiencia personal con la enfermedad y todo ello sin tapujos, sin cortapisas y sin coacciones, puesto que allí éramos todos iguales y nadie nos iba a juzgar. Acabada la ronda y azuzados ya por el viento y el agua, dimos por terminada la reunión y disfrutamos de las visitas que acudieron a vernos.

Como ya es tradición en este tipo de encuentros, al atardecer comenzó "el cambio de look" y muchos de nosotros, incluida yo misma, pasamos por las manos de nuestras dos peluqueras favoritas, Eva Carina (Madrid) y Edurne (Barcelona), nuestras chicas "Miss Tinte" y "Miss Tijeras" que nos dejaron a todos de lo más cool. Reinó el corte de pelo entre las chicas, y el corte y teñido entre los chicos.

Recibimos varias visitas de Galicia, entre ellas las de Sergio (nuestro médico favorito) y su novia, que nos trajeron noticias frescas de Miguelito "El Niño", que no pudo asistir a última hora por ciertos problemillas (te echamos de menos, ¡cuídate!)

Por la noche, tras la suculenta cena en la que dimos cuenta de la ya famosa crema de queso, los extraños incidentes con las luces de la Casa Principal que nos tuvieron algún tiempo en jaque a unos y a otros sin poder cenar (Jejeje, qué pena tan grande nos dieron), nos volvimos a juntar para disfrutar de las estrellas del firmamento.

Por fin llegó el sábado, día de excursión. La mañana comenzó movida, un incidente inesperado con el autobús que nos tenía que venir a buscar hizo que por primera vez en la historia de las Jornadas todos, pero todos, TODOS, incluida Eva Carina que suele cerrar el comité de los rezagados (para estar requetemona una tiene que echar un tiempecillo), estaban listos y a punto para entrar en el autocar. Una vez se solucionó el problema y llegó nuestro transporte, nos encaminamos hacia Oviedo, donde debíamos recoger a varios miembros de la Junta Directiva y pusimos rumbo al MUMI, el Museo de la Minería.

Hicimos una visita guiada al mundo interior de una mina asturiana. Bajamos en varios turnos por la jaula, que es como se llama a ese peculiar ascensor en el que se montan los mineros para bajar a la mina a trabajar. Una vez abajo, nos pusimos el casco reglamentario, pues estando en semejante sitio, la seguridad es fundamental. Vimos las diferentes partes de la mina, los diversos trabajos que se realizan en la misma, desde los costaleros a los picadores o los barrenistas, la maquinaria que se utilizaba antiguamente, las nuevas máquinas que hacen el trabajo un poquito más fácil a los profesionales del medio, nos explicaron como era la vida de un minero cuando empezaron las explotaciones carboneras en Asturias y como poco a poco las cosas habían ido mejorando con los años.

Una vez fuera, en la parte del museo, algunos aprovecharon para comprarse algún recuerdo de la visita, y sin más dilaciones, nos dirigimos hacia Villaviciosa a comer, pues tanto estar en el subsuelo nos abrió el apetito.

La comida fue fantástica, se brindó por los compañeros que no pudieron asistir, por los que estaban allí, por lo bien que lo estábamos pasando, por la ya famosa cocinera, mi señora madre, y por los demás representantes de la Junta Directiva y como no, por Asturias patria querida.

Sin perder ni un minuto más después del cafetín, nos dirigimos hacia el Museo de la Sidra, en Nava, donde también nos esperaba una visita guiada.

Llegamos allí dando la nota y haciéndonos notar, puesto que a modo de bienvenida, dicho museo tiene un recinto donde se puede escanciar sin el engorro de ensuciarse puesto que todo está dispuesto para el visitante, botellas llenas de agua, un vaso de sidra donde escanciar y como no, un enorme pilón donde, aunque la trayectoria del líquido se desvíe, no hay problema alguno. Hay que decir, que unos cuantos, después de un par de ensayos se estaban ya volviendo unos expertos en el arte.

Una vez hubimos pasado al museo en sí, nos explicaron todo el proceso de la fabricación de la sidra, desde qué tipo de manzanas han de escogerse, cómo se obtiene el preciado zumo, cuánto tiempo debe estar en la barrica antes de que se convierta en sidra, el embotellado de la misma, y los cambios que se han ido introduciendo con los tiempos para hacer el proceso menos laborioso.

Una vez hecha la sidra, nos introdujeron en el mundo donde se consume la misma, es decir, visitamos un chigre, que no es como las sidrerías que conocemos actualmente, sino un lugar más pequeño donde antiguamente se hacían las tertulias entre los amigos y vecinos del pueblo, y se bebía la sidra mientras se jugaba a las cartas y se comentaban los sucesos del día. Nos explicaron el concepto de espicha, cosa que todos llevábamos aprendida, y para terminar, nos hablaron del folclore asturiano, del tambor y la gaita, los instrumentos típicos que usaban nuestros ancestros para animar las romerías o fiestas de prao. Jaime, de Valladolid, en un alarde de gallardía, se atrevió a sacar de la gaita alguna nota musical, lo que hizo arrancar los aplausos de los asistentes.

El colofón final de la visita lo puso la inmensa barrica de sidra que había en la entrada y de la que nos sirvieron una degustación de la deliciosa bebida, y es que después de estar hablándonos de ella durante más de una hora, ya estábamos deseando que acariciara nuestra garganta con su alegre sensación.

Una vez estuvimos en el complejo Casa Folú, que es como se llamaba nuestro lugar de encuentro, se realizaron las conclusiones sobre los días de convivencia, como es ya tradicional, y se agradeció a los colaboradores la buena marcha y realización del mismo, (Gracias ACCU Asturias, gracias Hugo, gracias Manolo, sin vosotros no hubiera sido posible) y se dieron a conocer los cambios que se iban a producir, con respecto a la sección de juventud, en la Asamblea Anual de ACCU España que se iba a realizar en Las Palmas de Gran Canaria, entre otras muchas cosas. Para terminar se hizo entrega a cada uno de los asistentes de la insignia de plata de ACCU Asturias. Una vez dada por finalizada la reunión, todos nos fuimos corriendo a nuestras respectivas casas para vestirnos de gala para la cena de esa noche, que sería el colofón final de las convivencias.

Cuando estuvimos todos/as bien guapos/as, nos distribuimos en los distintos coches y nos encaminamos a la playa de Bañugues, donde nos esperaba una cena de pinchoteo en el bar de la playa, por lo que, aunque estaba bastante oscuro, la luna no quiso acompañarnos mucho en la ocasión, pudimos vislumbrar el mar y disfrutar de la brisa marina.

A los ya presentes, se nos unió José Ramón, antiguo presidente de jóvenes de ACCU Asturias, más conocido como Jota, que con otro par de veteranos, nos hicieron unos "juegos de prestidigitador" (querían hacernos creer que podían leerse la mente), para amenizar aún más si cabe la noche.

Para sorpresa de los organizadores, nuestros compañeros nos obsequiaron con un regalito de agradecimiento: para Hugo unos preciosos marca páginas de diseño, para Manolo un libro en el que más tarde todos dejamos unas frases testimoniales para él, y un sugerente complemento de ropa interior que sacó los colores al susodicho y las sonrisas a todos, y para mí, un bonito bolso (gracias compañeras por vuestro buen gusto).

Ya entrada la noche, pero teniendo todos muy presente que esa noche debíamos adelantar nuestros relojes una hora (¡qué mala suerte la nuestra!), regresamos al complejo rural y a petición de Manolo nos juntamos todos en el salón principal, donde se apagaron las luces, se pusieron unas velitas para dar un ambiente intimista y se escuchó un relato que a todos nos hizo reflexionar sobre la vida, pero sobre todo, en cómo queríamos realmente vivirla. Fue un momento intimista y emotivo que Manolo quiso compartir con todos sus amigos de ACCU.

Se realizaron las despedidas pertinentes, pues algunos asistentes, debido a su lejano lugar de origen, debían madrugar mucho a la mañana siguiente, deseando volver a vernos todos de nuevo en las próximas Jornadas de Jóvenes que se celebrarán en octubre en la ciudad de Vitoria.

El domingo por la mañana, después del desayuno, se dió por concluido el Encuentro de Jóvenes en Asturias. Algunos rezagados, es decir, los lugareños y Rubén "el escanciador" que no tenía transporte hasta la tarde, alargamos el encuentro hasta las 6 de la tarde, hora en que las despedidas, los besos y los abrazos llegaron a su fin.

Gracias a todos por la visita y… ¡¡¡NOS VEMOS EN VITORIA AMIGOS!!!

Arantxa Fernández
Coordinadora de Jóvenes de ACCU Asturias


Última actualización: 21/11/2008
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